La Conquista Romana de la Península Ibérica comienza en el año 218 a.c. y finaliza en el 206 a.c. con la rendición de Cádiz y la definitiva expulsión de los cartagineses de la Península.
La causa de que los romanos necesitaran conquistar la península, aparte de las económicas y estratégicas, fue el ataque a Sagunto por parte de los cartagineses, ya que habían firmado un acuerdo en el que los cartagineses no podían extender su influencia por encima del valle del Ebro; y aunque este no fue el caso, Roma atacó.
Tras muchas luchas sólo Cádiz se mantuvo en pie, hasta que se entregó incondicionalmente al Imperio Romano en el año 206 a.c.
A partir de aquí, Roma conquistará el resto de la Península Ibérica.
Gades, nombre romano de Cádiz, fue tratada por el Imperio Romano de una forma muy especial, debido a su rendición pacífica. Adquirió el estatuto de civitas foederata (ciudad federada de Roma). Este privilegio le permitió mantener su autonomía política y económica y ello se vio beneficiado en la economía de la ciudad, que aumentó considerablemente, además de estar exenta de pagar impuestos.
La Península fue dividida en provincias administrativas, y Cádiz quedó bajo la provincia de la Bética.
Con el paso del tiempo, Cádiz fue adquiriendo mayor importancia dentro del Imperio Romano. Tenemos que mencionar a la familia gaditana de los Balbos, que hizo crecer la ciudad, por las buenas relaciones que mantenía con julio César (siglo I a.c.).